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En Defensa de la Clínica Condesa y de los CAPASITS

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En Defensa de la Clínica Condesa y de los CAPASITS

Por: Dr. Jorge Saavedra / Director Ejecutivo del Instituto AHF de Salud Global en la Universidad de Miami, Director General del CENSIDA México 2003-2009, Director Fundador de la Clínica Condesa

MundoDeHoy.com / LaSalud.mx .- Inicio el artículo aclarando que no tengo información de que alguien en este momento esté atacando la existencia de la Clínica Especializada Condesa de la Ciudad de México, ni tampoco de los 76 Centros Ambulatorios de Prevención y Atención del SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) que existen a lo largo y ancho del país, sin embargo, si considero necesario a ya 20 años de la concepción de este tipo de modelos de atención médica en México, resaltar por qué se consideraron necesarios y porqué ahora hay que fortalecerlos.

El Nacimiento de la Clínica Condesa

En 1998, en la Ciudad de México, Distrito Federal (DF), un grupo de médicos, de activistas del VIH de la sociedad civil y de grupos organizados de personas con VIH, consideramos que dado que ya desde 1996 se habían anunciado desde Vancouver, la existencia de tratamientos antirretrovirales (ARV) altamente efectivos, que lograban que personas con VIH pudieran mejorar significativamente su calidad y cantidad de años de vida saludable y que de hecho, gracias a esto ya no requerían de servicios hospitalarios como un requisito siempre y cuando tuviesen adherencia al tratamiento y fuesen diagnosticados en etapas iniciales, el modelo de atención en México podría empezar a migrar hacia la atención ambulatoria de manera similar como ya estaba pasando con estos servicios en Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Boston, Nueva York y Washington DC, donde diversas clínicas de tipo ambulatorio ya ofrecían estos tratamientos sin necesidad de estar ubicadas dentro de un hospital.

Un nuevo modelo, dado su tamaño relativamente pequeño comparado con un hospital, ofrecía la oportunidad de controlar y prevenir de manera mucho más rápida y desde el inicio, problemas que frecuentemente se presentaban en unidades médicas más complejas, sobre todo los referidos a actitudes de discriminación, rechazo y estigma hacia personas con VIH o personas en mayor riesgo de adquirirlo, que tanto en México como en Estados Unidos eran hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH), así como mujeres transgénero, personas dedicadas al trabajo sexual y usuarios de drogas inyectables.

Por supuesto ya existían médicos y personal de salud no solo con experiencia y conocimientos en VIH en unidades como el Instituto Nacional de Nutrición, el INER, los hospitales del IMSS de la Raza, Gabriel Mancera o el Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, sin embargo, los pequeños equipos de salud sensibles e interesados en el tema, poco podían hacer para cambiar las actitudes del resto del personal de estas gigantescas unidades hospitalarias.

Este grupo de médicos y activistas de sociedad civil decidimos en ese mismo año, 1998, empezar a tocar puertas ante diversas autoridades del gobierno del entonces DF; Desarrollo Social, Salud, el Instituto de la Juventud presidido en ese entonces por la joven Andrea González y de la Asamblea Legislativa del DF, para plantearles la idea de crear una unidad médica ambulatoria, la primera de su tipo en el país, que fuese totalmente dedicada al tema del VIH y a ser un espacio de salud abierto y amigable con las diferentes personas de la diversidad sexual, es decir un espacio libre de estigma, discriminación, homofobia y transfobia.

En 1999 obtuvimos finalmente el visto bueno del entonces Jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas para que la propuesta se hiciera una realidad, tuvimos múltiples reuniones con diversas autoridades presentándoles datos epidemiológicos, resultado de diversos estudios sobre la efectividad de los tratamientos, la necesidad de incrementar la detección, incrementar el acceso a ARV. Para aterrizar nuestra propuesta de modelo que necesitábamos viajé y conocí las clínicas Howard Brown de Chicago y la Fenway en Boston y obtuve información sobre las de AHF en Los Ángeles y la de Whitman Walker en Washington.

Una vez teniendo el visto bueno del Jefe de Gobierno, la primera tarea fue identificar un centro de salud existente en el Distrito Federal, que pudiese ser adaptado como un servicio especializado en VIH, para eso visité unidades tanto en el Centro Histórico, en la Delegación Gustavo A. Madero y en la Delegación Cuauhtémoc, quedando como finalistas, en primer lugar una clínica de especialidades Médicas en la calle de Lucerna en la Colonia Juárez y en segundo lugar otra clínica de especialidades ubicada en la calle de Benjamín Hill 24 en la Colonia Condesa; en ambos casos eran espacios altamente subutilizados con muy poca productividad y muy pocos usuarios (pacientes), la decisión de que fuese en la Condesa se tomó porque tenía más espacio para crecer y también porque podría albergar equipo de laboratorio que a través de la Química Carmen Soler, sería donado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El proceso de nacimiento de la Clínica Condesa en 1999, no estuvo exenta de otro tipo de problemas, desde el rechazo por parte de los vecinos en que se transformara en una clínica de SIDA, que podría poner en riesgo a los hijos y niños que por allí pasaban y tocaban sus paredes, como de las entonces autoridades de la Universidad La Salle que además de hacer eco de los vecinos, tenían intención de adquirir ese espacio para ampliar sus instalaciones.

Todos estos problemas tuvieron impacto mediático y la población general de la ciudad de México empezaba a enterarse que se pretendía abrir dicha clínica, por lo que, con apoyo de la sociedad civil, empezamos a organizar diferentes eventos vecinales para disminuir angustias, quitarles el miedo y sobre todo para que conocieran cuáles eran las intenciones e incluso pudieran interactuar con valientes personas que podrían decirles que ellos y ellas mismas vivían con VIH.

Las autoridades del DF, pidieron a la sociedad civil y grupos médicos expertos en VIH, presentar en conjunto una terna para la dirección de la nueva clínica, los nombres presentados fueron los Dres. Carlos Rafael Ávila, José Antonio Izazola y Jorge Saavedra, aunque al siguiente día tanto el Dr. Ávila como el Dr. Izazola me comentaron que, por diversas razones, ellos declinaban y apoyarían que se me nombrara a mí, así que la terna fue solo un nombre, el mío, el cual finalmente fue aceptado.

El día de la inauguración de la Clínica Condesa tampoco estuvo exenta de impacto mediático, ya que fuimos obligados a evacuarla debido a una amenaza anónima de hacer estallar una bomba, que afortunadamente fue falsa alarma, pero finalmente la clínica se dio a conocer y empezó a funcionar ese mismo año, en el primer trimestre del siglo XXI. Considero que la Clínica Condesa fue realmente una conquista de la sociedad civil, de grupos organizados de personas con VIH, de médicos y personal de salud comprometido, que creíamos que era necesario generar un cambio e impulsar un nuevo modelo.

En el año 2000 arrancamos con solo 90 personas en tratamiento antirretroviral y 200 en una lista de espera, ya que, en aquel entonces, no había una política federal de acceso universal a tratamiento antirretroviral y teníamos que esperar a que hubiese recursos de un fideicomiso público/privado llamado FONSIDA para poder incrementar el número de personas que podrían acceder a este tratamiento.

CAPASITS, los Hijos de la Clínica Condesa

En el año 2001, fui invitado a trabajar en el gobierno federal, me sustituyó en la Clínica Condesa la QFB Carmen Soler; inicialmente inicié con un contrato por honorarios y posteriormente me nombraron Director General Adjunto de Innovación y Planeación en Salud, dentro de la Dirección General de Planeación en Salud (DGPLADES) de la Secretaría de Salud, dentro de esta dirección se tenía entre otras atribuciones, planear para hacer llegar servicios de salud a poblaciones remotas de alta marginación y también aportar las ideas innovadoras para desarrollar el Plan Nacional Maestro de Infraestructura en Salud.

Por diversas vías me pidieron que pudiese proponer el modelo de la Clínica Condesa, pero para todo el país y en todos los estados; eso era un gran reto, y si bien la Clínica Condesa -debido a oposición, a prejuicios e ideas conservadoras en una ciudad liberal como el DF- , de inmediato se me vino a la cabeza la batalla campal que se tendría que dar en muchas ciudades y estados mucho más conservadores, y que por lo tanto costaría trabajo hacer realidad un modelo sin apoyo de la sociedad civil y grupos médicos enfocados al VIH en el nivel nacional.

Sin embargo, acepté el reto, en este momento solo teórico, de empezar a planear el nuevo modelo desde el propio nombre, que no podrían ser clínicas condesas en todo el país, dado que la del DF tomaba su nombre de la colonia donde estaba ubicada, así que, con el apoyo de un equipo de trabajo, entre ellos el Dr. Kely Rely, la Ant. Maritere Poblano, el Arq. Gabriel Molachino, mi secretaria Leticia Guijosa, y algunas ideas y datos externos a la DGPLADES de Laura Hernández, Juan Sierra, José A Izazola, Javier Cabral, el activista Arturo Díaz y del periodista Alejandro Brito, así como del CENSIDA, en especial de Patricia Uribe, Griselda Hernández, Carlos Magis, Enrique Bravo y Guillermo Egremy; finalmente diseñamos el modelo CAPASITS, no tenían el nombre de “Condesa” pero tampoco tendrían el título de “Clínica de SIDA”, sino que parecerían hacer referencia a capacitación, ya que cada letra tendría su propio significado: C (Centro) A (Ambulatorio) para la P (Prevención) y A (Atención) del S (SIDA) e I (Infecciones) de T (Transmisión) S (Sexual). En el 2002 quedó finalmente el modelo CAPASITS planteado dentro del Plan Maestro de Infraestructura en Salud, aunque en ese momento se señalaban la lista de ciudades prioritarias, solo era un plan que no tenía presupuesto ni recursos para construir, pero al estar registrado como parte de un plan nacional sería sujeto de ser considerado para presupuesto en los años subsiguientes.

15 años del CENSIDA e historias de discriminación en la atención

En el 2003, hace 15 años, me tocó la gran fortuna de entrar a un concurso y ser nombrado Director General del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA (CENSIDA), una de mis primeras tareas fue contactar a cada uno de los 32 jefes de programas estatales de VIH del país e invitarlos a una reunión, dentro de la reunión además de darles a conocer que el acceso universal al tratamiento ARV gratuito sería una realidad y se tendría suficiente presupuesto, aproveché la oportunidad para presentarles el modelo CAPASITS y preguntarles qué tanto sabían sobre información que me había llegado de una reunión previa con sociedad civil en el sentido de que: en general, salvo muy contadas excepciones, en los servicios de salud y hospitales en todos los estados, había mucha discriminación, homofobia y rechazo contra las personas con VIH; que en Nuevo Laredo la atención médica en VIH se daba por un epidemiólogo muy comprometido, pero solo lo podía hacer en los pasillos de las oficinas de la Jurisdicción Sanitaria; de que en Mérida era frecuente dar la atención a pacientes con VIH en la banqueta del hospital dada la reticencia a dejarlos entrar; de que en Campeche el único espacio que habían asignado para VIH había sido en el sótano del hospital, y el extremo era Chetumal, donde el consultorio para la médica que atendía personas con VIH estaba ubicado dentro de uno de los baños del hospital, donde habían logrado ubicar una pequeña mesa y dos sillas esquivando el espacio del WC.

Todas esas historias fueron confirmadas por los y las jefas de programa, sin embargo, algunos, como Beatriz Ramírez, del Estado de México, abiertamente manifestaron escepticismo de si realmente iba a haber presupuesto para construir los CAPASITS, y efectivamente, en ese momento, ni en ese año tuvimos suficiente presupuesto para empezar a construirlos.

Ya en el 2004, sí tuvimos presupuesto para iniciar con los primeros CAPASITS, y el primero a petición y facilidades estatales, incluyendo el terreno conseguido por la Dra. Patricia Campos, -Jefa del Programa de VIH de Jalisco, además del ofrecimiento de la fundación AHF de donar todo el equipamiento necesario-, fue el de Puerto Vallarta, casi al mismo tiempo, pero no como nueva construcción sino adaptación de un espacio existente, fue el del Puerto de Veracruz, es decir dos puertos y dos ciudades prioritarias, fueron los primeros en tener sus CAPASITS que se inauguraron y empezaron a operar en el 2005.

2008 Conferencia Internacional de SIDA, resaltan Clínica Condesa y CAPASITS

En el marco de la Conferencia Internacional de SIDA que por primera vez se realizó en Latinoamérica, siendo la Ciudad de México la sede, tanto en el CENSIDA como en el Gobierno del Distrito Federal, aprovechamos la ocasión para lograr autorización de recursos e invertir en remodelar, mejorar las instalaciones y abrir nuevos servicios en la Clínica Condesa. Esta clínica que inició en el año 2000 con 90 pacientes en tratamiento y 200 en lista de espera, gracias en gran medida al empeño de su actual directora, la Dra. Andrea González, y el personal de salud y administrativo que allí trabaja, tienen actualmente más de 12,000 de ellos en tratamiento, y es por su volumen la más grande de Latinoamérica.

Sin embargo, el tamaño también tiene algunas consecuencias, de acuerdo a un artículo publicado por Luis Manuel Arellano, actualmente la Clínica Condesa se ha visto en la necesidad de tener que referir pacientes a su unidad gemela en Iztapalapa; sin embargo, no solo es por su tamaño que la Clínica Condesa resalta, sino que también sus servicios a mujeres trans y a migrantes, son ya de reconocimiento internacional.

La cantante Annie Lennox invitada especial a la Conferencia Internacional de SIDA, quiso conocer una Clínica de VIH, pero fuera de la Ciudad de México, se le llevó al CAPASITS de Cuautla, Morelos, y su reacción fue “este es el tipo de modelos de atención en VIH que se requieren en muchos países”, algo similar sucedió unos meses antes cuando Rahul Gandhi y familia, jefe del partido político que en ese entonces gobernaba la India, visitó el CAPASITS de Puerto Vallarta.

Lecciones Aprendidas

Estos modelos de atención tienen no solo impacto médico y en salud, sino un gran impacto social, en la forma que se percibe al VIH y se trata a las personas afectadas a nivel de ciudades y comunidades, la operación óptima de este tipo de unidades es cuando se conjuntan personal con conocimientos en el tema, pero también con sensibilidad, alto compromiso y apertura mental a la diversidad sexual de los usuarios, así como la interacción constante y apoyo de la sociedad civil, en especial de grupos de personas que viven con VIH. Personas que manifiestan escepticismo inicial pueden ser posteriormente grandes aliadas, Beatriz Ramírez, del Estado de México, fue después una entusiasta promotora de la idea, al grado que es el Estado de México, el que tiene un mayor número de CAPASITS en el país. Ciudad Juárez y Cd. de Puebla entraron en una sana competencia para ver cuál tenía el CAPASITS más grande del país, la Dra. Gabriela Velázquez, Jefa del Programa de Oaxaca le apostó a tener el CAPASITS más bello.

La ubicación de los CAPASITS y la Clínica Condesa son también claves de éxito; desafortunadamente algunas de estas unidades por decisión de los gobiernos estatales, pensando tal vez evitar conflicto con los vecinos, o porque tenían un terreno disponible, fueron construidas en lugares muy distantes del centro de la ciudad y de difícil acceso, algunos de esos CAPASITS tienen una productividad muy baja y bien podrían ser reubicados o buscar una estrategia alternativa para aumentar y facilitar el acceso de los usuarios a ellos.

Ha habido quejas de que existen CAPASITS que no cuentan con pruebas de detección del VIH, esta considero no es razón para criticarlos sino para abogar para que esas pruebas estén disponibles, y el diagnóstico y la atención de infecciones de transmisión sexual sea también una rutina. Muchos CAPASITS al igual que la Clínica Condesa dan atención a un número importante de derechohabientes del IMSS y del ISSSTE, incluso a migrantes, que en teoría no deberían tener acceso a ellos, pues se supone que estas unidades solo deben dar atención a afiliados al Seguro Popular; sin embargo, la solución no es quitarles ese derecho a los pacientes que allí asisten, sino en todos caso hacer convenios con estas instituciones o unificar el sistema de atención en México.

Si bien los CAPASITS no se diseñaron para proporcionar servicios médicos de hospital, si es conveniente que todos ellos tengan convenios con hospitales cercanos que puedan garantizar atención de personas con VIH en el caso de emergencias u otro tipo de complicaciones.

¿Se podría plantear que los CAPASITS dependan como una red de un modelo centralizado, y tal vez operado y supervisado directamente desde el CENSIDA, para que todos tengan un estándar homogéneo de calidad de servicios? Tal vez, habría que hacerse un mayor análisis, en algunos casos los CAPASITS dependen directamente de los servicios estatales, algunos otros de un Consejo Estatal con cierta independencia y en otros muchos de la Jurisdicción Sanitaria. ¿Se podría plantear que la Clínica Condesa por su volumen y alto grado de especialización y diversificación de servicios en VIH pueda ser un centro de capacitación para el personal que opera en los CAPASITS?, podría ser también una opción; ante un nuevo modelo de sistema de salud, ni la Clínica Condesa, ni los CAPASITS deben desaparecer sino fortalecerse, ampliar el horario de sus servicios y adecuarse a un esquema que les permita no solo una alta productividad, sino el impacto necesario para cumplir con los compromisos internacionales ante la ONU de detener de manera efectiva el crecimiento de la epidemia de VIH para el 2020 y eliminarla como problema de salud pública para el 2030, conservando, en el caso de México, su esencia y concepción original de ser espacios abiertos a la diversidad.

 

Este artículo se publicó en la versión impresa de la Revista LaSalud.mx en Milenio Diario e Instituciones de Salud, puede consultar la Edición Digitalizada en https://issuu.com/grupo-mundodehoy/docs/diciembre_2018


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