Durante estos días de conflicto, desesperanza y decepción, en los cuales muchos se vieron defraudados una vez más por la política argentina
Durante estos días de conflicto, desesperanza y decepción, en los cuales muchos se vieron defraudados una vez más por la política argentina, y otros reafirmaron su desagrado con nuestra clase dirigente, hubo un liderazgo distinto por parte de un hombre de las llanuras, de un trabajador con todas las letras, que logró indudablemente captar la atención y la confianza de gran parte del pueblo argentino.
Sé que a primera vista mi propuesta puede parecer impracticable, y sé también que quizás el propio De Angeli no tenga interés en meterse tanto en política, pero creo que vale la pena razonar y meditar acerca del potencial de unificación y por lo tanto de transformación que este hombre tan sensato tiene en sus manos.
Claro que, para que lo que yo propongo pueda realizarse, no sólo será necesaria una firme convicción por parte de De Angeli, sino también una actitud de humildad y grandeza por parte del resto de quienes conforman el amplio espectro de la dirigencia argentina. Pero nunca está de más recordarle a nuestra dirigencia que un mayor poder conlleva una mayor responsabilidad.
De Angeli es un hombre del campo, que no pudo contar con la posibilidad de una educación formal extensa, pero que supo educarse a sí mismo por medio de la materia de aprendizaje más valiosa que posee el ser humano: la vida.
Lo que De Angeli viene afirmando y gritando hasta el cansancio es que una ley contraria al pueblo no es ley. Y eso que explica con tanta sencillez y soltura significó en su momento un avance histórico para la humanidad, que sólo a cuenta gotas fue receptado en nuestro país.
El proceso histórico por el cual se entendió que el gobernante no tiene derecho a gobernar en contra del pueblo por más de que éste lo haya elegido, duró cientos de años y dio origen al primer país industrializado y desarrollado, que fue Inglaterra.
En palabras de Alberdi: “Comprender y exponer por la palabra o el estilo una teoría de gobierno es incumbencia del escritor de talento. Gobernar según esa teoría es comúnmente un don instintivo que puede existir, y que a menudo existe, en hombres sin instrucción especial. Más de una vez el hecho ha precedido a la teoría en la historia del gobierno. Las cartas de Inglaterra, que forman el derecho constitucional de ese país modelo, no salieron de las academias ni de las escuelas de derecho, sino del buen sentido de sus nobles y de sus grandes propietarios.”
Déjenme hacer una sencilla comparación, por más de que, como en todas las comparaciones entre personas, seguramente hay diferencias notables. La comparación que quiero hacer es entre Lula y De Angeli. Ambos carecen de una educación formal avanzada, y ninguno pudo terminar el secundario.
Sin embargo, ambos comprenden mejor que muchos políticos, intelectuales y universitarios la importancia que poseen para el desarrollo de un país la previsibilidad, el consenso y la división de poderes.
No son iguales, pero es llamativa la similitud en cuanto a la sencillez, transparencia y alcance que poseen sus palabras. Ambos parecieran tener una intuición, un espíritu pragmático y una inteligencia práctica que llaman la atención de muchos. Y ambos son capaces de generar confianza y reconocimiento dentro de los ambientes ideológicos más diversos, quizás por su aparente capacidad para liderar al pueblo hacia resultados concretos, y no por mera vanidad o egolatría.
Cuando Lula ganó las elecciones en Brasil, una parte de la prensa y de la sociedad se alarmó por el hecho de que alguien que no había terminado el secundario, proveniente de la izquierda, iba a ser presidente del país más importante e influyente de América del Sur.
Lula se encargó de demostrar que esas preocupaciones eran infundadas, y hoy en día Brasil se está convirtiendo en una potencia industrial y exportadora, en uno de los lugares más atractivos para invertir y en uno de los países con más peso y respeto en el mundo entero.
Es que el sentido común, la vocación de servicio y la inteligencia práctica es lo que más se necesita para liderar a una nación hacia un porvenir promisorio. Y esas son las características que le han faltado a nuestra política desde hace más de cien años, y por eso nos hemos quedado tan atrás, avocados únicamente a debates abstractos que lo único que logran es satisfacer el anhelo de sofisticación de algunos intelectuales y políticos que se rasgan las vestiduras mientras cada vez tenemos más pobres y más gente con hambre.
Quizás no sea viable, no lo sé. Pero yo votaría a De Angeli como presidente. Y creo que él podría generar un proyecto humanista y republicano, social y al mismo tiempo desarrollista, que nos devuelva el federalismo que nos han robado y que al mismo tiempo logre aglutinar a una oposición en torno a valores comunes indispensables, que son los que han llevado a todos los países desarrollados a la posición de supremacía en la cual se encuentran.
Es una opción más, que creo que vale la pena considerar%u2026