De algunos años a la fecha, el mundo cultural de nuestro país se ha convertido en una especie de circo, en el que abundan las payasadas de los personajes que supuestamente tienen a su cargo la custodia del patrimonio artístico de México, entre otras cosas, que dejan mucho que desear por el lamentable desempeño que han demostrado en el ejercicio de sus actividades.
Veamos uno de tantos ejemplos que pueden citarse. El pasado 22 de abril del año en curso, el periódico amarillista Reforma publicó una breve nota con el título “Reservan expediente de caso Frida Kahlo”, que se refiere al hecho de que por decisión de la actual Directora General del INBA, se ha reservado (es decir, que no será del dominio público) por un lapso de tres años la información relativa a los estudios de autentificación que se han realizado a dos obras de la autoría de Frida Kahlo: “Retrato de Alejandro Gómez Arias” y “Retrato de Isolda”, que estuvieron en la exposición homenaje que con motivo del centenario del natalicio de la artista se presentó en el Museo del Palacio de Bellas Artes el pasado año de 2007.
Esas obras fueron impugnadas por una cítrica de arte de origen argentino que se ha autonombrado como la única conocedora en nuestro país del legado estético de Frida Kahlo, a pesar de que sólo tuvo contacto con la pintora por un breve espacio de dos años aproximadamente, en el umbral de la vida de la pintora. Pues bien, la mencionada cítrica aseguró -sin aportar prueba documental alguna al respecto- que dichas obras “le parecían” que no eran de la mano de la pintora, sólo porque ella lo decía, nada más.
Las obras no se desmontaron de la exposición y posteriormente se sometieron a un detallado estudio químico que reveló, en primera instancia y de manera determinante, que la titulada “Retrato de Alejandro Gómez Arias” correspondía a la antigüedad que establece su fecha de realización: 1928, con lo cual habría que responder a una primera pregunta determinante: ¿quién en vida de Frida la falsificaba o copiaba? Pregunta que, por supuesto, no se hicieron ni la cítrica de arte de marras ni el equipo curatorial que tuvo bajo su responsabilidad la selección de las obras de caballete que integraron la mencionada exposición homenaje.
Con la realización del estudio químico correspondiente, el INBA estaba cumpliendo uno de los objetivos que le confieren tanto la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, como la propia declaratoria presidencial que convirtió la producción pictórica de Frida Kahlo en Patrimonio Artístico de la Nación en lo que respecta a la obligación del Instituto para resolver este tipo de controversias y llevar a cabo los estudios y análisis que se consideren pertinentes para establecer la autentificación de una obra de arte.
Sin embargo, este procedimiento de autentificación, que debería ser todo lo transparente posible pues con ello se consolida la función del Instituto como dependencia rectora en lo que toca a esta materia, se ha visto empañado por la decisión antes comentada de convertirlo en información reservada, no accesible al dominio público. ¿Cuáles podrían ser las razones de tal decisión?
Arriesgo algunas hipótesis posibles. Me parece que con tal decisión no se quiere enfrentar la verdad sobre la autentificación de las obras mencionadas, que se tiene temor a provocar una polémica con la mencionada cítrica -que entre otras cosas se ha caracterizado por hacer un uso faccioso y gangsteril de su labor periodística.
Al Instituto le conviene, desde cualquier punto de vista y porque cuenta con el total respaldo de la ley en la materia, ser la entidad que establezca sin lugar a dudas la autentificación de estas y otras obras artísticas y no dejar esa función a advenedizos e ignorantes que se hacen llamar “conocedores” o “especialistas”, que no lo son por supuesto, cuyo único interés es el mercantil, no el académico. Precisamente, esos “especialistas” son los que se han encargado, a través de una orquestada campaña de prensa (con pseudo periodistas a su servicio), de tratar de desprestigiar las funciones sustantivas del INBA, entre ellas, obviamente, la que se refiere al registro y autentificación de las obras de los artistas cuya producción pictórica está considerada como Patrimonio Artístico Nacional, por decreto presidencial correspondiente.
Ante esos ataques, el Instituto ha mantenido silencio; da la impresión de que sus funcionarios no tienen, ni quieren, resolver este grave problema afrontándolo desde una perspectiva académica, de investigación seria que no tiene necesidad de recurrir a esos charlatanes y farsantes. Y, cuando el Instituto ha emitido alguna declaración ha sido, desafortunadamente, hasta para ir en contra de sus propios objetivos como institución, dando más oportunidad para que ese grupo de “especialistas” se regodee en sus críticas en contra de la institución.
No queda otra opción más que recordar a ese personaje de Shakespeare cuando dice que: “algo está podrido en Dinamarca%u2026.” pues es muy cuestionable la decisión de no enfrentar públicamente este problema y dejar que la situación en esta materia se siga deteriorando.
Para Mundo de hoy
Rafael Cruz Arvea
Investigador
CENIDIAP.INBA
5 de junio de 2008
Rafarvea@yahoo.com.mx
NR para saber más sobre el sospechosismo